Resaca
Se acabó. Pasó el 28-M y con él se fueron las promesas, las sonrisas y las ilusiones. Pero también -cómo no- se acabaron las inauguraciones de última hora, los descubrimientos de placas, los estrenos de parques, jardines, complejos deportivos y ambulatorios, casi siempre sin concluir... Se fueron los asfaltados de calles y carreteras, los nuevos puntos de luz, la plantación de arbolitos, los locales sociales, en fin, todo eso.
Terminaron los abrazos a las marujas, los besos a los niños, los paseos en metro, las carreras en la playa con traje Pierre Balmain, los efusivos apretones de mano a los simpatizantes, las pegadas de carteles, los repartos de programas, los mítines multitudinarios cual estrellas de rock, los insultos al rival político, sí, a ese cuya amistad cultivan durante tantas y tantas horas compartiendo una botella de chivas.
Y se marcharon, por fin, las malditas furgonetas-orquesta, ésas que siempre te daban la vara en el más oportuno momento; ésas que te sorprendían en el baño de forma que el salto en el retrete era de órdago a la grande; ésas que pasaban bajo tu ventana cuando el malo confesaba su crimen al sentir la mirada de carapiedra Norris, las mismas que nos provocaban el gatillazo cuando se puede dar el gatillazo, las que nos hacían cortarnos al afeitarnos, las que...
Finalizaron las campañas "encubiertas" del ABC, de El Mundo, de El País; y los comentarios políticos del analista-redentor de turno, los mensajes profético-derrotistas de los intelectuales, economistas y demás especies de esa fauna; los estudios de opinión, los sondeos al elector -que casi nunca sirven para nada- y ese largo rosario de estupideces más o menos bienintencionadas que nos han asaltado estas últimas semanas.
España descansa la resaca electoral.
Publicado en El Progreso el viernes 2 de junio de 1995.