MARLOWE
Sonó el timbre del teléfono, hice ademán de levantarme y abrí los ojos, bufff... El dolor en las sienes estaba a punto de reventarme la puta cabeza, aún así descolgué el maldito auricular:
-¿Sí?... Al habla, si, el mismo que viste y calza...
En ese momento se abrió la puerta del despacho. Era alta, esbelta, venía enfundada en negro, con un escote de los que dan vértigo al asomarse y una raja en la falda que parecía puesta por los fabricantes de parches de nitroglicerina. Me miró lánguidamente y se sentó en la desvencijada silla que tengo a disposición de los clientes. Colgué, fuera lo que fuera podía esperar.
Me observó displicente, de arriba abajo. A la sazón yo ya me había puesto en pie, me subía los tirantes y buscaba con la mirada la chaqueta de mi raído traje de tweed. Descarté ponérmela, que siguiera colgada al lado del sombrero, el fieltro y el tweed siempre hicieron buena pareja. Abrí el cajón y saqué la botella de Jack Daniels, quedaba apenas un trago, debía comprar otra, ya dijo Dios que no es bueno que el hombre esté solo. Escancié el líquido en un sucio vaso que había sobre la mesa y me entregué a su absorción por vía bucal. Bueno, ahora ya estaba preparado para lo que viniese.
Ella tenía la mirada en una esquina del despacho, miré hacia allí, tirado, como abandonado, estaba mi Smith & Wesson del 38 especial, vaya... Debió de ser movidita la noche... Opté por mirarle directamente el escote, ya que ella observaba mi arma yo era libre de observar las suyas. Se percató y se movió inquieta en el asiento... Ni una palabra, era un hueso, no cabía duda.
Sonó de nuevo el maldito timbre, miré al teléfono, pero el sonido no provenía de allí, la miré a los ojos, esbocé una cínica sonrisa -las únicas que me permito- e introduje un lucky sin filtro por la comisura de la boca, el timbre seguía sonando...
Ladeé la cabeza y abrí los ojos, el maldito despertador no paraba. Resoplé, me erguí y miré bien la hora, las 7,30 a.m. lunes 5 de noviembre 2007. ¡Joder! Definitivamente es la última vez que me pongo a leer novela negra en la cama, y desde luego voy a volver a plantearme volver a fumar...
Domingo 11 de noviembre 2007
17:45
Suena: El caso de la rubia platino -Joaquín Sabina-
Sonó el timbre del teléfono, hice ademán de levantarme y abrí los ojos, bufff... El dolor en las sienes estaba a punto de reventarme la puta cabeza, aún así descolgué el maldito auricular:
-¿Sí?... Al habla, si, el mismo que viste y calza...
En ese momento se abrió la puerta del despacho. Era alta, esbelta, venía enfundada en negro, con un escote de los que dan vértigo al asomarse y una raja en la falda que parecía puesta por los fabricantes de parches de nitroglicerina. Me miró lánguidamente y se sentó en la desvencijada silla que tengo a disposición de los clientes. Colgué, fuera lo que fuera podía esperar.
Me observó displicente, de arriba abajo. A la sazón yo ya me había puesto en pie, me subía los tirantes y buscaba con la mirada la chaqueta de mi raído traje de tweed. Descarté ponérmela, que siguiera colgada al lado del sombrero, el fieltro y el tweed siempre hicieron buena pareja. Abrí el cajón y saqué la botella de Jack Daniels, quedaba apenas un trago, debía comprar otra, ya dijo Dios que no es bueno que el hombre esté solo. Escancié el líquido en un sucio vaso que había sobre la mesa y me entregué a su absorción por vía bucal. Bueno, ahora ya estaba preparado para lo que viniese.
Ella tenía la mirada en una esquina del despacho, miré hacia allí, tirado, como abandonado, estaba mi Smith & Wesson del 38 especial, vaya... Debió de ser movidita la noche... Opté por mirarle directamente el escote, ya que ella observaba mi arma yo era libre de observar las suyas. Se percató y se movió inquieta en el asiento... Ni una palabra, era un hueso, no cabía duda.
Sonó de nuevo el maldito timbre, miré al teléfono, pero el sonido no provenía de allí, la miré a los ojos, esbocé una cínica sonrisa -las únicas que me permito- e introduje un lucky sin filtro por la comisura de la boca, el timbre seguía sonando...
Ladeé la cabeza y abrí los ojos, el maldito despertador no paraba. Resoplé, me erguí y miré bien la hora, las 7,30 a.m. lunes 5 de noviembre 2007. ¡Joder! Definitivamente es la última vez que me pongo a leer novela negra en la cama, y desde luego voy a volver a plantearme volver a fumar...
Domingo 11 de noviembre 2007
17:45
Suena: El caso de la rubia platino -Joaquín Sabina-