Uno lleva toda su vida intentando ser coherente, lógico, sensato, consciente, racional, ético y un montón de cosas más. Uno lleva toda su vida diciendo lo que piensa, haciendo lo que dice y pensando lo que hace, en un cíclico sinfín. Uno ha defendido causas utópicas en las que todavía cree a fin de que este mundo fuese mejor, a fin de que el ser humano (que es el menos humano de los seres) supiera convivir entre sí y con el resto del universo en armonía. Uno ha adoptado posturas, quizá radicales, en defensa de lo que cree justo, se adapte o no a la Ley. Y uno ha tragado mucha mierda, metafórica y quizá no tan metafóricamente hablando, a causa de todo ello.
Por eso y por muchas cosas más que os ahorraré a los que no me conocéis y que no necesito explicaros por quincuagésima vez a los que si me tratáis, uno no se extraña ya de nada, aunque sigue reaccionando con extrema rabia (a veces contenida, a veces no) contra las injusticias que se cometen en nombre de la Justicia todos y cada uno de los días.
Os explico, conozco una pareja que tiene 4 niños, él trabaja más de 14 horas como albañil, ella limpia suelos de sol a sol. Él llega a casa cada fin de mes con unos 750 u 800 euros, ella apenas consigue superar los 500. Tienen una casa de alquiler por 650 euros, los 4 niños en el colegio, y nunca llegan a fin de mes. Él se llama Manolo, tiene toda la boca con piorrea, apenas puede comer porque no le quedan dientes. Ella se llama Laura, necesita gafas para ver de cerca, tiene 4 dioptrías en un ojo y 3,5 en el otro. Los niños han heredado la mala vista de la madre (dos necesitan gafas) y la mala dentadura del padre (tres necesitan aparato). Manolo y Laura no saben como hacer, es evidente que ellos seguirán sin gafas ni dientes, pero sus niños... sus queridos niños... el estado del bienestar no les ayuda con ellos. La semana pasada el más pequeño se puso enfermo, una bronquitis tremenda, los medicamentos le supusieron a Manolo y Laura 132,89 euros, este mes va a ser aún más duro. Dos de los niños van al colegio José M. Pemán, los otros dos al instituto Virgen de la Barca. En ningún centro, ni el colegio ni el instituto hay un gimnasio en condiciones para la práctica deportiva; la cancha de baloncesto es de gravilla, no hay piscina, y mucho menos un campo de fútbol...
Andrés tiene 33 años, un pesado historial delictivo y una serie de condenas, la última de ellas por pederastia. Está internado en un Centro Penitenciario. Andrés come, duerme, caga, se ducha y ve la tele por cuenta del Estado. Tiene una dolencia crónica que le supone al Tesoro un gasto en medicamentos de 356 euros mensuales, dinero que se abona en su totalidad. Hace año y medio, cuando Andrés ingresó en el CP solicitó unas prótesis dentales para poder comer (la mierda del jaco ha acabado con su dentadura) y como no tenía peculio por supuesto se le aprobó... el Estado corrió con todos los gastos. Hace unos días le dijeron que necesitaba gafas para ver la tele, por supuesto Andrés sigue sin peculio, por supuesto el Estado correrá con los gastos en su totalidad. Andrés tiene pabellón polideportivo, gimnasio, piscina y campo de fútbol a su disposición...
"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". Así reza el Capítulo Segundo del Título I de la Constitución.
Uno se pregunta porque cuando se construye una cárcel se tiene en cuenta ese capítulo y sin embargo se olvida o desestima cuando se construye un centro educativo. Uno cree que el error manifiesto está en que centro penitenciario es CP y centro de educacicón primaria es CEP... quizá por ahí se despisten
Uno se pregunta porque es mejor proteger al delincuente que a la infancia, al reo que al inocente, al penado que al ciudadano, al preso que al currante. Uno entiende que en este país haya calles con el nombre de Dionisio, honoris causa con el nombre de Mario, aclamaciones populares a gente con el nombre de Julián y admiración unifoirme por individuos llamados Roca... El estado del bienestar nos enseña que es más productivo delinquir que ser ético, es mejor robar que trabajar y el delito se paga mucho menos que el esfuerzo...
Uno siente por dentro como si un alien le comiese las entrañas... y desearía empezar a ostia limpia... Y por último uno se pregunta porque leches lleva todo el artículo hablando de sí mismo de este modo... parezco Andrew el protagonista del Hombre bicentenario... quizá porque este estado me hace sentir androide... aunque sigo sin alegrarme de serle útil.
Lunes 21 de abril 2008
18:30
Suena: Pepe Botika -Extremoduro-
P.D.: Dedicado a todos los que a pesar de todo siguen comiendo gracias al sudor de su frente, auunque coman alubias en lugar de almejas y no tengan Mirós en el baño.