Málaga, ciudad turística de la famosa costa del sol o costa del golf; más de medio millón de habitantes; un sábado por la noche cualquiera, bueno que ostias cualquiera no, en concreto este sábado, es decir ayer por la noche. Pues nada que salgo de copas, mi hermano Josete, dos niñas y yo, y lo típico, un local aquí, otro local allá... La compañía era casi inmejorable, dos niñas de veinte y pocos, agradables a la vista y soportables al oído; la noche... Propicia, temperatura cálida sin exceso, para andar en camiseta; el momento... Oportuno, último sábado del mes de mayo... Todo parecía perfecto, todo menos el ambiente. Me explico.
Resulta que en esa populosa ciudad, encontrar un local dónde suene algo que no sean merchis o davides o esos productos mezcla de flamenco-rap-pop-hiphop-triunfito (cuanto mal hizo la exportación de la termomix al mundo de la música cagüenelmestizajeloscojones) es un acto imposible. Por fin, tras mucho deambular por locales del tres al cuarto, nuestras compañeras, malagueñas de pro (o de contra, no lo tengo muy claro) se apiadaron de nuestras almas de blues y nos llevaron al que imagino es el único local dónde se puede escuchar música de verdad en toda Málaga, un local con nombre de matamoscas y mosquitos de la transición, y con un guiño a un barbado grupo estadounidense, el zz-pub.
Allí, por fin pude deleitar mis oídos, y que conste que no soy muy exigente, lo mismo escucho Led zeppelin o Deep purple que Metallica o Iron Maiden, puedo moverme a los acordes del reggae bobmarleyño o con el Billie Jean de Michael, lo mismo disfruto con la voz anegrada de Elvis the pelvis que con el potente producto de las minas de Gales... En suma, la mejor media hora que he pasado desde que vivo en el sur. Eso sí, no soporto ver sufrir a una mujer joven y bonita, así que haciendo de tripas corazón abandonamos el local con destino a un mega-antro donde el brillo de los aparatos dentales inundaba el recinto, si hubiéramos colocado un imán en la puerta el garito hubiera quedado vacío... Del resto mejor no hablar, baste decir que cualquier parecido -para regocijo de las caderas de nuestras acompañantes- de lo que se oía, con el arte llamado música, era mera y burda coincidencia.
Al final de la noche, la conclusión fue contundente, la próxima vez nos vamos a nuestro antro de música "clásica" y ya buscaremos la compañía después. Por que ante todo y sobre todo, en estos tiempos que corren, se necesita un poco de actitud, de rock & roll actitud.
Lunes 2 de junio 2008
00:20
Suena: Rock & roll actitud -Loquillo y trogloditas-