HASTA EL 40 DE MAYO…
El calor, “la calor”…
En la antigua EGB (cuando los colegios eran centros de enseñanza y no parkings de niños y los maestros respetables y respetados profesores y no peleles del tiro de feria) nos enseñaron que existen animales de sangre fría, y animales de sangre caliente; hoy se sabe –el que lo sabe- que no es exactamente así y entre los primeros hay ectotérmicos, poiquilotérmicos y bradimetabólicos, mientras que en los segundos hay endotérmicos, homotérmicos y taquimetabólicos, pero que tampoco las lineas de separación son muy claras, vamos, que todos jugamos un poquito con todo vaya.
A lo que íbamos, todos sabemos (bueno, los que hicimos la EGB) que víboras y lagartijas, por ejemplo, son animales de sangre fría, todos hemos visto como se ponen a tomar el sol y calentar su cuerpo, tenemos constancia de como ciertos animales se entierran en la arena durante el día, estamos en conocimiento de que hay insectos que hacen vibrar sus alas para calentar su musculatura de vuelo… Todos estos eran ejemplos que nos daban de animales de sangre fría. Hoy se sabe que animales homotérmicos, es decir de los llamados de sangre caliente, también usan estas técnicas en ocasiones.
Este avance en la biología ha sido fruto de años de estudio, investigación, experimentación, formulación de hipótesis y su posterior comprobación… En fin ya conocemos como se las gastan los científicos, que despues de 3 años de estudios determinan que el botijo mantiene fría el agua debido a su forma y su composición (coño, mi abuelo nunca fue a la escuela y sabía eso desde su más tierna infancia) Pero mantengamos una línea clara de pensamiento que me voy por los cerros de Úbeda (y actualmente los tengo muy cercanos físicamente) A esa conclusión, a la de que hay animales de sangre caliente que usan técnicas de sangre fría, había llegado este menda hace tiempo, y lo ha corroborado una vez más esta semana en Tarifa, Algeciras, Fuengirola y Málaga.
Resulta que por pitos o por flautas acabas yendo a una playa, o a dos, bueno, a muchas, y en todas ellas observas seres humanos –al menos tienen ese aspecto externamente, todos salvo determinadas suegras, que tienen aspecto de un ser humano que se ha tragado a otro ser humano- que se exponen al sol para calentar su cuerpo a las horas de más canícula; sigues explorando entre esa fauna que se da cita en las dunas y observas algunos enterrados en la arena, son menos, pero aún así no hay playa que se precie en la que no encuentres al menos una docena; y si sigues investigando acabarás dando con dos o tres –esta especie es más abundante en piscinas- hipertrofiados muscularmente que mueven sin cesar sus músculos (presupongo que calentándolos para poder iniciar el despegue, yo como no tengo paciencia, después de descojonarme vivo un rato suelo marcharme sin esperar a ver si consiguen volar o no).
¿Todo esto demuestra que el ser humano es extraordinario –la colifata dixit-? No, todo esto demuestra que el calor, “la calor”, reblandece las neuronas, vuelve a la gente aún más vaga y más estúpida -si cabe- y que el comportamiento de un animal vertebrado y racional –léase “y racional”- es absolutamente impredecible, pero el de una masa de animales vertebrados y racionales –léase “irracionales”- es totalmente predecible –aparte de gilipollas, claro- y que San Asimov –"dioslotengaenlagloria"- sabía de lo que hablaba.
Pues eso, que me voy a comprar una sombrilla.
Lunes 7 Julio 2008 (VIVA SANFERMÍN)
21:05
Suena: Mediterráneo –Los rebeldes-