SEGÚN SE MIRE
Cuenta la leyenda que la península ibérica era tan frondosa que un mono podía atravesarla de norte a sur, digamos de Bilbao a Tarifa, de Ferrol a Algeciras o de Barcelona a Puerto de Santa María, sin tocar el suelo, vamos de árbol en árbol.
Cuenta la leyenda que la península ibérica era tan frondosa que un mono podía atravesarla de norte a sur, digamos de Bilbao a Tarifa, de Ferrol a Algeciras o de Barcelona a Puerto de Santa María, sin tocar el suelo, vamos de árbol en árbol.
Claro que eso era en otros tiempos, también en la época de dominación romana, cuando Roma dominaba el mundo, Hispania era la huerta del imperio…
Pero los tiempos cambian, a veces para bien, a veces para mal, a veces ni se sabe, sólo se que si hoy un mono desea ir de, pongamos Santander, a, pongamos Estepona, como no sea el mono con ballesta del anuncio y vaya en coche, tendrá que tocar el suelo por testículos, porque lo que se dice frondosa, España no está, vamos que los olmos, hayas, cipreses, encinas, robles, y demás brillan por su ausencia, no digamos ya los frutales, je, esos ni se imaginan en las áridas, mustias y grises tierras que vamos encontrando según viajamos hacia el sur.
Pero hoy no quería hablar de mitos, ni siquiera del que dice que la ínclita, la maravillosa, la de la dialéctica vertiginosa, la incomparable Duquesa de Alba puede ir de punta a punta del territorio nacional sin dejar de pisar sus tierras. Hoy quería hablar de mi –cosa que por otra parte es lo que suelo hacer a menudo, es que es el tema que mejor domino-
Me he dado cuenta de que al igual que la ontogenia reproduce fielmente la filogenia, mi vida reproduce fielmente la historia ecológica española. También hubo un tiempo en que mi cerebro, mi corazón, mi alma –resida esta donde resida si es que reside en algún lado- eran frondosos, las ideas podían ir de una punta a otra del cerebro de neurona en neurona, colgándose cual tarzán de axón en axón. Los sentimientos afloraban en mi corazón a borbotones, y era un florido huerto de pasiones mi alma. Hoy, quizá con las decepciones, acaso por la edad, tal vez a causa de las cicatrices, o peor aún, de las heridas que no cicatrizan, mi cerebro se vuelve vago, decide no trabajar, estar a la expectativa, y salvo por algún que otro chispazo ocasional, casi siempre producto más de la rabia que de la voluntad, se aletarga y dormita como un oso cavernario. Mi corazón por su parte sangrante de sentimientos y emociones se cierra en banda, se niega a abrirse se retroalimenta y no deja que nadie se acerque, tal vez está harto de renacer cual ave fénix, tal vez ha dado y recibido tanto amor que ya no tiene más capacidad, o tal vez está tan dolido que no quiere arriesgarse a perder más, y si no se tiene, no se pierde. Mi alma, si es que tengo una, si es ahí donde radican las pasiones, está aletargada, abotargada, enferma… Solo el odio y la rabia la despiertan por veces, al igual que al corazón, del mismo modo que al cerebro…
Hay dos tipos de días. Los malos en los que siento que la voluntad me abandona, que vivo de modo mecánico, que no soy yo realmente quien lleva a cabo las tareas diarias, el trabajo, el viaje, la comida, el sueño… En ocasiones me olvido de comer, otras me paso el tiempo mirando algo sin darme cuenta, sin ver, sin sentir. El otro tipo de días son los peores, esos, bueno en esos la cordura parece abandonarme, la desesperación se apodera de mi, siento miedo, yo, que siempre he presumido de valiente, tiemblo ante la perspectiva de estar cayendo en el abismo de la locura, miedo no, terror, pánico, a dejarme llevar a dejar de ser yo, a ser un cuerpo dominado por quien sabe que oscuras perversiones surgidas de mi lado más oscuro.
Si eso ocurre, recordadme tal cual fui, un tocahuevos con mala ostia y buenas intenciones, un tipo quizá no muy piadoso ni tampoco estrictamente honesto, pero si amigo de sus amigos, coherente, lógico y racional. O al menos eso he intentado siempre; desde este frío status en el que me encuentro espero que así haya sido.
Lunes 27 de octubre 2008
20:00 horas
Suena: “La calma” –M-Clan-