Azul oscuro, casi negro
Me voy a ir, seguro, me iré. Aún no se cuándo, todavía no se cómo, quizá no tenga claro adónde, pero me largaré, sin nada, como he vivido; dejaré atrás cuanto comencé y no supe acabar, olvidaré a cuantos me dañaron sin motivo… O con él. Marcharé, lejos, muy lejos, más allá de Orión, más allá. Iré sin odio, sin rencor, sin amigos, sin cariño, atrás se quedarán los pocos que me apoyaron, los pocos que apostaron por mi –y perdieron- atrás las vivencias, los sufrimientos, las sonrisas, los tenues momentos de felicidad. Buscaré la luz al final del túnel, como un alma en pena, como si debiese cumplir de muerto lo que no supe hacer de vivo…
Alguno, quizá los más empáticos, o simplemente los más curiosos, no se quedarán queriendo saber sólo en cuándo, cómo y adónde, algunos, quizá los más curiosos, o sencillamente los más desocupados querrán saber el porqué. ¿Porqué? ¿Y porqué no? Lo he pensado, lo he pensado mucho, y tal vez me falte compasión, olvido, perdón, humildad, piedad, pero me sobra raciocinio, y la razón me dice:
-“Huye. Huye antes de que este puñetero mundo te cambie; a ti, que siempre soñaste con cambiar el mundo”
Por eso me voy, me voy porque haga lo que haga, por más que tenga controlado el entorno, alguna variable siempre queda en manos del azar, y esa variable siempre –cumpliendo a rajatabla la Ley de Murphy- hace que las personas a las que quiero sufran.
Si nos roban a nuestros seres queridos, la forma de hacer que vivan más tiempo es no dejar de amarlos nunca. Los edificos arden, las personas mueren, pero el amor verdadero es para siempre.(1) A mi me los han robado a casi todos, por eso, porque ya casi nada me ata aquí, salvo la testarudez, y acaso el miedo a lo nuevo, a lo desconocido, por eso he de inicar un nuevo camino, lejos, muy lejos, tan lejos como pueda de un universo que se confabula en contra de lo bueno y sucumbe al poder del mal. Por eso me voy, me iré. Sin dejar de amar todo aquello y a todos aquellos que me amaron, que me aman, que dejaron y/o dejarán de hacerlo; manteniendo en el recuerdo a los pocos amigos y olvidando por fin a la legión de enemigos que buscados o sin buscar, surgen de las profundidades de la ignorancia con lenguas emponzoñadas y látigos afilados. Me llevaré sólo el amor, porque el amor no es lo que queremos sentir, es únicamente lo que sentimos sin querer, in extremis…
A veces, muchas veces, sólo se le da importancia a lo que ha desaparecido, post mortem todo cambia, “to er mundo é güeno” quizá por eso muchos eligen quemar sus naves en una orgía de vivencias en el tiempo mínimo imprescindible, y dejar atrás sólo los recuerdos de lo que hicieron, la leyenda, el mito.
No importa, nada importa cuando tu destino está tomado, es lo bueno y lo malo de las decisiones, una vez las asumes, todo lo que las rodea carece de importancia, todo es banal, fútil, nimio, baladí. ¿Daños colaterales? Por supuesto, toda acción tiene su reacción, pero por eso no se cuándo, porque antes trataré de minimizar los riesgos, los efectos, intentaré ser lo más aséptico posible, porque nadie, y digo nadie, ni siquiera mi más enconado detractor, debe de tener un dolor si yo soy capaz de suprimirlo, o al menos, atenuarlo. He llevado con orgullo y por bandera mi ateísmo, mi agnosticismo, mi anticlericalismo, lamentando además el serlo por culpa de mi lógica racionalidad, ¡Cuánto más felices son los creyentes, cuanto más fácil es la vida y la partida cuando se tiene fé! Hoy, puedo asegurar que he tenido una revelación, he descubierto que sí, que estaba equivocado:
-¿Que si creo en Dios? No puedes sufrir lo que yo he sufrido y no hacerlo.Por supuesto que creo en Dios. Y le odio a muerte.(2)
En eso estamos, pero claro, hay que recordar lo que dijo Lennon sobre que la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes. Por eso, espero y confío que mi marcha sea en el momento que yo decida, al lugar que yo escoja, de la forma que yo elija, y no me sea impuesta por las circunstancias, el azar, Dios o… La puta vida. Lo único que tengo claro es que no puedo estar vivo, no sin ti.
Quizá me pierda en el largo y tortuoso camino que me propongo emprender, no sé si en el transcurso de los años, con el paso del tiempo, alguien recuerdará quién fui, quién quise ser, quién debía haber sido, supongo, o más bien se a ciencia cierta que todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia, es hora de morir.(3)
Memento mori.
Domingo 22 de marzo 2009
17:25
Suena: “La senda del tiempo” –Celtas cortos-
Me voy a ir, seguro, me iré. Aún no se cuándo, todavía no se cómo, quizá no tenga claro adónde, pero me largaré, sin nada, como he vivido; dejaré atrás cuanto comencé y no supe acabar, olvidaré a cuantos me dañaron sin motivo… O con él. Marcharé, lejos, muy lejos, más allá de Orión, más allá. Iré sin odio, sin rencor, sin amigos, sin cariño, atrás se quedarán los pocos que me apoyaron, los pocos que apostaron por mi –y perdieron- atrás las vivencias, los sufrimientos, las sonrisas, los tenues momentos de felicidad. Buscaré la luz al final del túnel, como un alma en pena, como si debiese cumplir de muerto lo que no supe hacer de vivo…
Alguno, quizá los más empáticos, o simplemente los más curiosos, no se quedarán queriendo saber sólo en cuándo, cómo y adónde, algunos, quizá los más curiosos, o sencillamente los más desocupados querrán saber el porqué. ¿Porqué? ¿Y porqué no? Lo he pensado, lo he pensado mucho, y tal vez me falte compasión, olvido, perdón, humildad, piedad, pero me sobra raciocinio, y la razón me dice:
-“Huye. Huye antes de que este puñetero mundo te cambie; a ti, que siempre soñaste con cambiar el mundo”
Por eso me voy, me voy porque haga lo que haga, por más que tenga controlado el entorno, alguna variable siempre queda en manos del azar, y esa variable siempre –cumpliendo a rajatabla la Ley de Murphy- hace que las personas a las que quiero sufran.
Si nos roban a nuestros seres queridos, la forma de hacer que vivan más tiempo es no dejar de amarlos nunca. Los edificos arden, las personas mueren, pero el amor verdadero es para siempre.(1) A mi me los han robado a casi todos, por eso, porque ya casi nada me ata aquí, salvo la testarudez, y acaso el miedo a lo nuevo, a lo desconocido, por eso he de inicar un nuevo camino, lejos, muy lejos, tan lejos como pueda de un universo que se confabula en contra de lo bueno y sucumbe al poder del mal. Por eso me voy, me iré. Sin dejar de amar todo aquello y a todos aquellos que me amaron, que me aman, que dejaron y/o dejarán de hacerlo; manteniendo en el recuerdo a los pocos amigos y olvidando por fin a la legión de enemigos que buscados o sin buscar, surgen de las profundidades de la ignorancia con lenguas emponzoñadas y látigos afilados. Me llevaré sólo el amor, porque el amor no es lo que queremos sentir, es únicamente lo que sentimos sin querer, in extremis…
A veces, muchas veces, sólo se le da importancia a lo que ha desaparecido, post mortem todo cambia, “to er mundo é güeno” quizá por eso muchos eligen quemar sus naves en una orgía de vivencias en el tiempo mínimo imprescindible, y dejar atrás sólo los recuerdos de lo que hicieron, la leyenda, el mito.
No importa, nada importa cuando tu destino está tomado, es lo bueno y lo malo de las decisiones, una vez las asumes, todo lo que las rodea carece de importancia, todo es banal, fútil, nimio, baladí. ¿Daños colaterales? Por supuesto, toda acción tiene su reacción, pero por eso no se cuándo, porque antes trataré de minimizar los riesgos, los efectos, intentaré ser lo más aséptico posible, porque nadie, y digo nadie, ni siquiera mi más enconado detractor, debe de tener un dolor si yo soy capaz de suprimirlo, o al menos, atenuarlo. He llevado con orgullo y por bandera mi ateísmo, mi agnosticismo, mi anticlericalismo, lamentando además el serlo por culpa de mi lógica racionalidad, ¡Cuánto más felices son los creyentes, cuanto más fácil es la vida y la partida cuando se tiene fé! Hoy, puedo asegurar que he tenido una revelación, he descubierto que sí, que estaba equivocado:
-¿Que si creo en Dios? No puedes sufrir lo que yo he sufrido y no hacerlo.Por supuesto que creo en Dios. Y le odio a muerte.(2)
En eso estamos, pero claro, hay que recordar lo que dijo Lennon sobre que la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes. Por eso, espero y confío que mi marcha sea en el momento que yo decida, al lugar que yo escoja, de la forma que yo elija, y no me sea impuesta por las circunstancias, el azar, Dios o… La puta vida. Lo único que tengo claro es que no puedo estar vivo, no sin ti.
Quizá me pierda en el largo y tortuoso camino que me propongo emprender, no sé si en el transcurso de los años, con el paso del tiempo, alguien recuerdará quién fui, quién quise ser, quién debía haber sido, supongo, o más bien se a ciencia cierta que todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia, es hora de morir.(3)
Memento mori.
Domingo 22 de marzo 2009
17:25
Suena: “La senda del tiempo” –Celtas cortos-
(1) El cuervo
(2) No puedo asegurar que sea cita textual, ni siquiera recuerdo de dónde proviene, simplemente estaba almacenada en alguna neurona de mi cerebro, en un recóndito lugar de mi memoria RAM –memoria de acceso aleatorio-.
(3) Blade runner
(2) No puedo asegurar que sea cita textual, ni siquiera recuerdo de dónde proviene, simplemente estaba almacenada en alguna neurona de mi cerebro, en un recóndito lugar de mi memoria RAM –memoria de acceso aleatorio-.
(3) Blade runner