6.6.09

FREQUENCY

A menudo el pasado nos atenaza con una sorprendente fuerza, tanta que impide nuestros libres movimientos, corrompe nuestros libres pensamientos, recorta nuestros libres sentimientos, pudre nuestras libres decisiones.

El pasado es una losa que con demasiada frecuencia influye en nuestro presente, y lo que es más grave, en nuestro futuro. Se dice que uno es el resultado de sus vivencias, y es cierto, nuestro carácter no viene determinado por la genética, la genética es solo un bloc, vertical o apaisado, de pasta dura o blanda, de alambre o de grapa, de folio o de cuartilla, con pauta ancha o estrecha, cuadrícula grande o pequeña, con o sin margen… pero lo que escribimos en él es cosa nuestra, nuestra y de lo que nos rodea.

Hay quien usa el pasado para aprender, hay quien lo usa para lamentarse, hay quien lo usa para tener miedo… Los errores enseñan más que los aciertos, porque raramente se olvidan, así que aprender de los errores del pasado, y no volver a cometerlos es una sabia decisión. Pero, cuando ese aprendizaje incluye recordar constantemente el dolor, el daño, la ira, la tiña… del error cometido, se pasa del aprendizaje a la autocompasión.

El complejo Kalimero (¡Nadie me quiere!) es el peor enemigo de las decisiones, el pensar esto ya me salió mal antes, siempre que pienso en algo se me tuerce, no empezaré esto porque no podré acabarlo, no sigas conmigo porque te haré daño o me lo harás tu a mí… es solo temor infundado, terror infantil e ilógico, pavor incoherente, pánico irracional…

¿Y el miedo? Miedo a tomar decisiones porque en el pasado fueron erróneas, espanto a tener sentimientos pues en el pasado nos llevaron al sufrimiento, horror a la verdad porque antes era mentira disfrazada, recelo de las personas porque otras nos hicieron daño, desconfianza de las situaciones puesto que anteriormente nos lastimaron, desasosiego, alarma, susto ante todo lo nuevo y bueno que se nos oferta, aún antes de comprobar su valía… COBARDÍA.

Mucha gente vive eternamente con el síndrome de Estocolmo, el síndrome de Estocolmo de su ex-pareja que la trataba mal, pero de la cual creó una relación de dependencia, síndrome de Estocolmo de sus vivencias, no querer dejar atrás el sufrimiento por temor a que lo venidero sea peor, síndrome de Estocolmo de su propia desidia, el conocido “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”, síndrome de Estocolmo de su familia, de sus amigos, del lugar donde han vivido, de su trabajo anterior, de… Romper con todo eso es exponerse al síndrome, pero tal vez el futuro nos traiga el síndrome de Stendhal ¿Os arriesgáis?

No dejes que te atrape el pasado, no permitas que una mala experiencia trastoque tu vida, no consientas que un personaje impresentable que te jodió ayer se convierta en el dueño de tu mañana, no accedas a que las vivencias desagradables te encojan el corazón, no aceptes que el destino está marcado y es negativo, no apruebes lo que tenga que venir sin luchar por tus objetivos, no asientas a los que te atemorizan con augurios de desastres, no toleres que te ate las manos y los pies la pereza, no transijas con la precaución obsesiva, no seas condescendiente con tus propios presentimientos que te esclavizan, no le concedas ni un metro al desánimo, no le proporciones excusas a la inactividad, no posibilites que te gane la batalla la cobardía, no facultes a las pesadillas su acceso a la realidad, no autorices la salida del tren de la esperanza de tu estación antes de entrar en uno de sus vagones, no te niegues la felicidad.

Puede que todo esto suene a palabras vacías, baldías, quizá esté predicando en el desierto, quizá vea la paja en el ojo ajeno y obvie la viga en el propio, lo sé, es fácil hablar y difícil actuar cuando el corazón se encoge preso por el ferreo puño del sobresalto perenne, pero si de veras quieres algo, no esperes que nadie te lo de, cógelo.

Sábado, 6 junio 2009
18:00
Suena: Pero a tu ladoLos secretos-