12.7.09

De piratas, filibusteros, corsarios y bucaneros.

El ataque de los clones

Clon, según la R.A.E. una de sus acepciones es del inglés clown, payaso… Y eso es lo que últimamente estamos sufriendo sin ninguna traza de que vaya a cambiar, un ataque desmesurado, desconsiderado, desacertado e injustificado de un montón de payasos.

Payasos en el mundo del deporte, de la judicatura, de la ciencia, de la religión, de la política –esto es casi inevitable- payasos desde todos los estratos de la sociedad, sin distinción por razón de sexo, edad, color, religión o incluso nivel cultural. Es tal la democracia en este aspecto, y tan homogénea la igualdad conseguida desde cualquier tipo de gentuza que protagoniza el ataque, que puedo sin temor a equivocarme usar la otra acepción de clon de nuestro sacrosanto diccionario… “Conjunto de células u organismos genéticamente idénticos […]” (sic) Porque lo mismo da que el fulano sea periodista o albañil, abogado o camionero, médico o guardia civil, profesor universitario o chapero, el caso es que abrir la boca y soltar paridas es todo uno, sin límite, sin remedio, sin vergüenza.

Jueces que saltándose la ley a la torera dejan en la calle a delincuentes para favorecer los intereses de su ideología (¿¿Ideología??) política, que se inventan condenas o las obvian cuando están claras, defendiendo aberrantes pensamientos propios de tiempos pasados. Jueces que se enfrentan a jueces, que denuncian a jueces inventándose el argumento necesario para poner en entredicho la moralidad del otro, y sea o no cierto la cizaña está sembrada y algo siempre queda.

Periodistas que desde sus púlpitos predican la verdad absoluta desde la independencia más hipócrita intentando imponer condiciones, derribar gobiernos, manipular opiniones, periodistas que se inventan las noticias con el bienintencionado propósito de decantar al populacho en la dirección adecuada, aquella que permitirá al país resurgir de sus cenizas en un acto de contrición masivo que nos llevará a una dignidad que perdimos en el 75. Periodistas que en aras de conseguir poner o quitar al bueno o al malo culpable de todos los males mundiales habidos y por haber llevan a cabo autenticas campañas de acoso y derribo contra las instituciones, metiendo si es necesario en el mismo saco a policías y terroristas, a abstemios y beodos…

Políticos que venden su sacrificio en pos de conseguir el bien común cuando se aprovechan manifiestamente del cargo para obtener prebendas, regalos, beneficios, robando y estafando a un pueblo que como borregos se dejan llevar de uno a otro lado; políticos que exigen a sus contrincantes la dignidad que ellos no demuestran, que falsean datos y esconden faltas de sus allegados mientras denuncian erores de los contrarios, que hacen gala de una cara dura tan sumamente impresionante que a uno se le revuelven las tripas y desearía pasarlos a sangre y fuego, pero no vuelta y vuelta como el chuletón, no, bien pasados como la suela de Charles Chaplin

Científicos que respondiendo a intereses económicos de empresas que les subvencionan (por no decir que les compran) niegan holocaustos o cambios climáticos, esconden vacunas contra el cáncer o combustibles ecológicos y baratos, callan como perros ante yogures perniciosos o bebidas energéticas altamente peligrosas, bendicen las bondades del alcohol y maldicen las de la marihuana (es que las grandes compañías no venden hachís en los supermercados), científicos que niegan la evolución y se vuelven creacionistas…

Podría seguir, toda la tarde, toda la noche, toda la vida, esos ejemplos no son más que la punta del iceberg, la depravación humana ha llegado a su límite en esta sociedad desbocada hacia su final, la estupidez y la mediocridad campan a sus anchas y la genialidad y la racionalidad han muerto. Siempre creí que Payasos sin fronteras era una ONG de artistas de circo que hacen de graciosos, con traje, ademanes, dichos y gestos apropiados, con la finalidad de llevar la risa a los niños a lugares del mundo desfavorecidos, pero me equivocaba, los auténticos payasos sin fronteras son estos (y que me perdonen los payasos de grandes zapatos y narices coloradas) o más bien payasos sin límites, porque sus gilipolleces no poseen limitación alguna.

Fue Nietzsche el que acuñó la frase “Dios ha muerto, viva el hombre” en “Also sprach Zarathustra” y bajo los acordes de la obra de Richard Strauss del mismo nombre, permitidme decir: Dios ha muerto, el hombre también… Por fin


Domingo 12, julio 2009
18:05
Suena: Mi vida no hay derechoIsmael Serrano-