Urbi et orbi
“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar” decía Forrest Gump a su compañero de banco mientras le contaba su estrambótica y guionizable vida; y tenía razón, la vida es esa cosa que llevas encima, esa enfermedad de transmisión sexual cuyo única cura es la muerte, ese pasado que no existe pues sólo son recuerdos, ciertos o no, ese presente que está en constante cambio pues cuando lo nombras ya es pasado y ese futuro que nunca llega pues al llegar es presente y se renueva inmediatamente. “La vida es eso que te sucede mientras tu tienes otros planes” dijo el genial autor de Imagine. Y así pasa siempre, una y otra vez los sueños se truncan, las esperanzas se pierden, los planes se rompen... Y hay que cambiar lo planeado, improvisar ante los nuevos retos que surgen, adaptarse para vencer ante los imprevisibles y caprichosos envites del destino, ante los sorprendentes giros del azar, Dios no juega a los dados, pero el tiempo sí...
Es por eso que a veces llega un momento en tu vida en la que te ves obligado a cambiar, a dejarlo todo atrás, a seguir tu camino adelante sin tener en cuenta lo que dejas en los márgenes, en los arcenes “En el borde del camino hay una silla, la rapiña merodea aquel lugar, la casaca del amigo está tendida, el amigo no se sienta a descansar” (1) y debes seguir al frente con la mirada vidriosa en ocasiones, empapadas las mejillas, pero siempre alta la frente, orgullo al cielo...
No me asusta el cambio, no me embarga la emoción ni creo que sienta la “morriña” por suerte o desgracia, en esa etapa de la vida tan difícil que es la adolescencia me vi abocado a un cambio, dejé atrás compañeros, conocidos y amigos, novias y experiencias, instituto, vivencias, mi cine, mi barrio, mis calles... Mis deseos e ilusiones, mi casa, mis costumbres, mi forma de hablar... Todo se quedó allá, todo. Eso me marcó, superado eso ya nada puede vencerte, no hay cambio más brusco ni en peor momento, sin embargo sigo siendo el mismo chico de la calle, el mismo gato de callejón que era entonces, con mis mismas creencias y convicciones, con mi mismo amor por mis callejuelas y sus gentes, mis gentes...
Aprendí a vivir en un sitio distinto, totalmente diferente, cerrado, desconfiado, el alter ego de todo lo que estaba acostumbrado, y sin embargo me abrí camino, encontré amigos, ilusiones, sueños y callejones donde volver a maullar... Resurgí de las cenizas de un camel para reinventarme a mi mismo, surgió el personaje, y detrás la persona, la misma, pero más sabia...
No me asusta el cambio, no me asusta para nada, es más, creo que lo estoy deseando, nuevos retos, nuevos problemas, nuevas sensaciones, nuevos callejones donde imponer una vez más mi criterio, donde marcar una vez más mi territorio, donde maullar una vez más cada noche...
Sí, una vez más dejaré atrás gente que quiero, experiencias compartidas, sueños conjuntos, vivencias inolvidables, cariño y amistad impagables, pero vendrán conmigo los buenos recuerdos y quedará con ellos mi eterno fantasma, porque como buen gato tengo siete vidas, y dejo en cada sitio una de ellas, para que no me olviden, para que mantengan limpio y a salvo mi antiguo callejón, aunque los maullidos que resuenen sean el eco de mi voz.
Y cuando me vaya, no caiga una lágrima por mi... (2)
“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar” decía Forrest Gump a su compañero de banco mientras le contaba su estrambótica y guionizable vida; y tenía razón, la vida es esa cosa que llevas encima, esa enfermedad de transmisión sexual cuyo única cura es la muerte, ese pasado que no existe pues sólo son recuerdos, ciertos o no, ese presente que está en constante cambio pues cuando lo nombras ya es pasado y ese futuro que nunca llega pues al llegar es presente y se renueva inmediatamente. “La vida es eso que te sucede mientras tu tienes otros planes” dijo el genial autor de Imagine. Y así pasa siempre, una y otra vez los sueños se truncan, las esperanzas se pierden, los planes se rompen... Y hay que cambiar lo planeado, improvisar ante los nuevos retos que surgen, adaptarse para vencer ante los imprevisibles y caprichosos envites del destino, ante los sorprendentes giros del azar, Dios no juega a los dados, pero el tiempo sí...
Es por eso que a veces llega un momento en tu vida en la que te ves obligado a cambiar, a dejarlo todo atrás, a seguir tu camino adelante sin tener en cuenta lo que dejas en los márgenes, en los arcenes “En el borde del camino hay una silla, la rapiña merodea aquel lugar, la casaca del amigo está tendida, el amigo no se sienta a descansar” (1) y debes seguir al frente con la mirada vidriosa en ocasiones, empapadas las mejillas, pero siempre alta la frente, orgullo al cielo...
No me asusta el cambio, no me embarga la emoción ni creo que sienta la “morriña” por suerte o desgracia, en esa etapa de la vida tan difícil que es la adolescencia me vi abocado a un cambio, dejé atrás compañeros, conocidos y amigos, novias y experiencias, instituto, vivencias, mi cine, mi barrio, mis calles... Mis deseos e ilusiones, mi casa, mis costumbres, mi forma de hablar... Todo se quedó allá, todo. Eso me marcó, superado eso ya nada puede vencerte, no hay cambio más brusco ni en peor momento, sin embargo sigo siendo el mismo chico de la calle, el mismo gato de callejón que era entonces, con mis mismas creencias y convicciones, con mi mismo amor por mis callejuelas y sus gentes, mis gentes...
Aprendí a vivir en un sitio distinto, totalmente diferente, cerrado, desconfiado, el alter ego de todo lo que estaba acostumbrado, y sin embargo me abrí camino, encontré amigos, ilusiones, sueños y callejones donde volver a maullar... Resurgí de las cenizas de un camel para reinventarme a mi mismo, surgió el personaje, y detrás la persona, la misma, pero más sabia...
No me asusta el cambio, no me asusta para nada, es más, creo que lo estoy deseando, nuevos retos, nuevos problemas, nuevas sensaciones, nuevos callejones donde imponer una vez más mi criterio, donde marcar una vez más mi territorio, donde maullar una vez más cada noche...
Sí, una vez más dejaré atrás gente que quiero, experiencias compartidas, sueños conjuntos, vivencias inolvidables, cariño y amistad impagables, pero vendrán conmigo los buenos recuerdos y quedará con ellos mi eterno fantasma, porque como buen gato tengo siete vidas, y dejo en cada sitio una de ellas, para que no me olviden, para que mantengan limpio y a salvo mi antiguo callejón, aunque los maullidos que resuenen sean el eco de mi voz.
Y cuando me vaya, no caiga una lágrima por mi... (2)
(1) “La historia de las sillas” -Silvio Rodríguez-
Domingo 30, agosto 2009
00:45
Suena: (2) “Cuando me vaya” –Melocos-